La bola

Vida y milagros de la gata llamada Bola, anteriormente conocida como Kimba, Yoruichi, Melissandre.

de peque
qué tierna y adorable era cuando no tenía garras

Era abril cuando nació, no se sabe dónde, pero en una noche que parecía una más se separó de su familia y terminó en medio de la carretera. Asustada por las luces del coche no supo ni reaccionar, por suerte Carlos la recogió con ternura y la cuidó hasta que tuvo la fuerza de llegar hasta casa.

Sus comienzos fueron de exploración tímida por la casa, apenas conseguía subir al sillón y necesitaba escalar por pierna o pantalón, con sus primeros araños nos reíamos. Los ruidillos que hacía cuando algo no le gustaba no eran ni pre-maullidos, era una pequeña ratilla chillona. Poco a poco siguió escalando, llegó hasta la cama medio saltando medio correteando, su casa de cartón se quedó pequeña. Se encaramaba en la silla, seguía por la mesa, trepaba hasta la encimera… Cada semana más grande, hoy las patas, ayer el rabo… Y entre titos y visitas hemos visto como sus ojos cambiaban de color del azul al amarillo y ganaba potencia en el salto, pero sobre todo, en las garras.

boli-y-rataLa pequeña pantera tiene mundo recorrido, y no sólo por los 6 mil km de diferencia de ciudad a ciudad. Ya ha recorrido barrios de Sevilla, ha ido a la playa o se ha paseado por Córdoba. Quizá oponga resistencia a salir de paseo, pero lo que es viajar, tiene una paciencia admirable.

Si la pobre resistió con resignación las temperaturas infernales del verano en Dorne, buscando un soplo de aire, ahora tiene que acostumbrarse al frío canadiense. Y mientras sigue creciendo (y engordando).

Eh, que tiene instagram, ahí sí que no os vais a perder ni una de las suyas.