Aniversario Año 1

lago algonquin

Exactamente un año.

Desde que llegamos en aquel avión. Aunque el tiempo pasa rápido y lento a la misma vez, ese día lo recuerdo como si hubiese pasado hace menos de una semana. Claro que sería inexplicable la evolución de la bolita a toda una señora bola en ese lapso de tiempo.

No escribimos desde… No. En mi mente tenía pensado escribir con la gran de noticia de “Por fin un trabajo”, sin embargo, el aniversario ha llegado antes que eso. Y a pesar de las entrevistas que hay a la vista no sé cuánto más se va a demorar. Si bien es cierto que he conseguido un par de trabajos de freelance para conseguir las dichosas “referencias canadienses”, como todo trabajo de inmigrante está mal pagado, es frustrante y pagan tarde. Parece que hablo de España, pero hay muchos puntos en común. Explotar al inmigrante es una tradición universal, no nos olvidemos.

Y es que la pregunta es obligatoria:”¿Tienes ya trabajo?” “¿Estás trabajando ya?”… “Pero si tienes buen nivel de inglés”… Sí, gracias a mis padres tengo buen nivel de inglés, pero no, aún no tengo trabajo. Y no es cuestión de que “el trabajo dignifique”, que ese tipo de condescendencia es la perfecta excusa para la explotación laboral, es que el trabajo te da seguridad, y punto. Aún así, mi gran lujo ha sido intentar “trabajar de lo mío”, el gran reto de nuestra generación, supongo.

Intentar trabajar aquí es muy parecido a España: te piden idiomas aunque no lo vayas a necesitar (en este caso el francés) y los puestos sin responsabilidad relacionados con marketing lo ocupan becarios menores de 30 años o recién licenciados (beneficios fiscales y blablabla). Ahora añade el factor de ser inmigrante de español nativo sin una carrera de ingeniería o económicas (o tener un doctorado)… La oferta se reduce y decrece aún más si no dispones de la “experiencia canadiense” obligatoria para que al menos, lean tu cv.

Este requisito necesario lo desconoces al llegar y fue un encuentro casual con los que por aquel entonces llamamos “los agorer” los que nos advertieron sobre ello. Los agorer llevaban aquí 5 años, él español y haciendo el doctorado en la Universidad de Toronto, ella psicóloga infantil que se sorprendió al ver “mi tranquilidad” en estar echando cvs. Me instó a buscar un voluntariado con extrema urgencia (o mejor dos) para empezar a tener experiencia y sobre todo, referencias canadienses. En diciembre así hice y tenía razón, el resultado se vió claramente cuando las entrevistas surgieron a los seis meses. No antes.

Es difícil contabilizar el número de puestos que he solicitado (ya iba a decir “aplicado”), son en torno a 150 y aproximadamente unas 10 entrevistas. Mi cv reorganizado y re-escrito por manos canadienses también se hizo notar. Los puestos a los que opté eran “de lo mío” y ninguno tenía como requisito obligatorio hablar español, así que parecía que iba bien. ¿Cuándo dejas de pensar que va bien? Una vez que he visto que tras las entrevistas no responden ni con el “contigo no bicho” y que han sacado mis ideas para que las ponga en práctica la becaria que llevaba un mes en la empresa (tal cual), el siguiente paso es intentarlo con puestos que sí requieran español y mantegan una mínima relación con lo mío (o llámese unicornio). El siguiente sería el de los call center, algo que odio por muchas razones, aunque las más importantes son:

  • Odio hablar por teléfono porque estoy medio sorda
  • Los horarios son de noche y fin de semana, incompatible con ver a la cordosiesa

Aún así, algo generalizado en todos los inmigrantes aquí es ese primer trabajo de mierda con el que consigues experiencia y referencias. El punto es: ¿he perdido el tiempo entonces mientras no me he dedicado a odiar un trabajo? Y por supuesto, luchar contra la desgana de una entrevista a otra cuando sabes que lo más probable es que te entrevisten por cumplir su cuota y que al mes veas la oferta de nuevo publicada sin que te hayan descartado como candidato.

Por suerte este año no solo se ha limitado a eso, a pesar de que así es mi día a día. Y como siempre es la gente la que te levanta el ánimo y hace que merezca la pena estar aquí. No hablo sólo de la cordosiesa, sino de los amigos aquí y de las visitas que nos han sorprendido y llenado la casa. Nunca os podréis hacer una idea de lo que me ha ayudado tener la casa llena y reírme con vosotros en lugar de llorar a solas. Porque el trabajo no dignifica, pero ayuda a no pensar.

Di algo, no seas rancio

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